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Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

18/09/2026 Opinión
Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

La democracia aprendió a competir por segundos. Gobernar sigue necesitando décadas.

Deslizar.

Un vídeo. Otro. Otro más.

Una polémica. Una respuesta. Un diputado destrozando, según el titular, a otro diputado. Un presidente mirando a cámara. Un candidato haciendo una tendencia.

Quince segundos.

Deslizar.

Mientras tanto, una familia lleva tres años buscando una vivienda que pueda pagar.

Un niño que hoy empieza primaria terminará sus estudios bajo una ley educativa que probablemente ya habrá sido sustituida.

Una línea ferroviaria que todavía no existe tendrá que transportar dentro de veinte años a ciudadanos que hoy quizá ni siquiera han nacido.

Y un sistema de pensiones diseñado por una generación tendrá que ser financiado por otra.

Podemos deslizar la pantalla. Los problemas no.

Quizá ahí se encuentre una de las grandes contradicciones de la política contemporánea.

Nunca habíamos tenido tanta información política al alcance de la mano.

Y nunca había sido tan difícil mantener nuestra atención sobre un mismo problema.

La tiranía del ahora

La política siempre ha tenido prisa, siempre ha sido perseguida.

Un gobierno sabe desde el primer día que existe una fecha en el calendario en la que tendrá que volver a pedirnos el voto. Por eso las democracias siempre han convivido con una tensión incómoda entre gobernar bien y gobernar a tiempo para que los resultados lleguen antes de las siguientes elecciones.

Pero ahora hemos añadido un reloj más.

El del algoritmo.

Ya no basta con ganar las próximas elecciones. También hay que ganar la conversación de esta mañana.

Un ministro puede dedicar meses a una reforma y ser juzgado por veinte segundos de una entrevista.

Un parlamentario puede trabajar durante semanas en una comisión y ser conocido por una frase pronunciada durante una bronca.

Una política pública puede necesitar diez años para demostrar sus resultados.

Una polémica necesita diez minutos.

Y competimos ambas cosas en el mismo mercado: nuestra atención.

Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

El algoritmo no pregunta qué es importante.

Pregunta qué consigue que sigamos mirando.

El problema de gobernar para 2045

Imaginemos por un momento al político perfecto.

Sabe que una reforma que propone hoy será impopular.

Costará dinero.

Los primeros años generará molestias.

No podrá inaugurarla.

No podrá hacerse una fotografía delante del resultado.

Quizá ni siquiera siga en política cuando empiece a funcionar.

Pero sabe que dentro de veinte años su país estará mejor gracias a ella.

¿La haría?

Esa pregunta importa más de lo que parece.

Porque algunos de nuestros mayores problemas tienen precisamente esa característica.

La vivienda necesita planificación urbanística y construcción sostenida.

La transición energética necesita infraestructuras.

La educación necesita estabilidad suficiente para comprobar qué funciona.

El envejecimiento de la población obliga a pensar las pensiones durante décadas.

La adaptación al cambio climático exige gastar hoy para evitar daños mañana.

Y todos comparten un inconveniente:

el futuro no vota.

Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

No votan los jóvenes que dentro de veinte años necesitarán esas viviendas.

No votan quienes todavía no han nacido pero pagarán nuestras pensiones.

No votan los ciudadanos que heredarán las infraestructuras que hoy decidimos construir o no construir.

Los políticos responden ante quienes introducen una papeleta en una urna hoy.

Pero gobiernan también sobre la vida de quienes la introducirán mañana.

La política del resultado invisible

Existe además una injusticia curiosa en gobernar bien.

Muchas veces, cuanto mejor funciona una política pública, menos espectacular resulta.

Una infraestructura que no colapsa.

Una administración que responde.

Un contrato público correctamente ejecutado.

Una política preventiva que consigue que algo malo no ocurra.

Un presupuesto equilibrado durante años.

No hay vídeo.

No hay épica.

No hay un momento exacto que podamos convertir en contenido.

Simplemente funciona.

Y quizá por eso hemos empezado a confundir dos cosas que nunca fueron iguales:

hacer política y representar que se está haciendo política.

La primera necesita resultados.

La segunda necesita imágenes.

El político convertido en contenido

Esto no significa que TikTok sea enemigo de la democracia.

Al contrario.

Que un joven pueda escuchar directamente a un diputado, entender una reforma en un minuto o descubrir un debate político que jamás habría encontrado en un periódico puede ser extraordinariamente democrático.

El problema no aparece cuando la política entra en TikTok.

Aparece cuando TikTok entra en la forma de hacer política.

Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

Cuando una medida empieza a diseñarse pensando en cómo será anunciada.

Cuando la respuesta rápida sustituye a la reflexión.

Cuando reconocer que un problema es complejo se convierte en una debilidad comunicativa.

Porque TikTok tiene una característica que la política adora: permite simplificar.

Esto está bien.

Esto está mal.

Ellos.

Nosotros.

Culpable.

Solución.

Siguiente vídeo.

Pero gobernar casi nunca funciona así.

Gobernar significa elegir entre alternativas imperfectas. Negociar. Priorizar. Renunciar. Gastar aquí y no allí. Decir que no. Reconocer que una solución tiene costes.

Un algoritmo premia las certezas. Un buen gobernante debería saber convivir con las dudas.

La democracia tiene un problema con el tiempo

Quizá llevemos años diagnosticando mal el problema.

Hablamos de polarización.

De populismo.

De desinformación.

De políticos convertidos en influencers.

Pero detrás de todo ello puede esconderse una cuestión mucho más sencilla:

hemos acelerado la conversación política sin acelerar la realidad.

Seguimos necesitando años para construir una vivienda.

Décadas para transformar una economía.

Generaciones para cambiar un sistema educativo.

Tiempo para comprobar si una ley funciona.

La tecnología puede conseguir que un mensaje viaje de Madrid a Buenos Aires en menos de un segundo.

Pero todavía no puede construir una ciudad en quince segundos.

Y probablemente nunca pueda.

Gobernar cuando nadie mira

Tenemos políticos de TikTok para problemas que necesitan veinte años

Tal vez deberíamos empezar a valorar de otra manera a nuestros políticos.

No solamente por cómo hablan.

Por cómo planifican.

No solamente por cómo reaccionan.

Por aquello que son capaces de anticipar.

No solamente por lo que inauguran.

También por aquello que comienzan sabiendo que inaugurará otro.

Porque existe una forma de generosidad política de la que hablamos muy poco:

tomar una decisión cuyo beneficio recibirá alguien que nunca sabrá quién la tomó.

Eso también es gobernar.

Quizá sea una de sus formas más difíciles.

Un vídeo dura segundos.

Una legislatura, cuatro años.

Una generación, décadas.

El problema no es que nuestros políticos estén en TikTok.

El problema sería que empezaran a pensar como TikTok.

Porque podemos cambiar de vídeo cuando nos aburrimos.

Podemos cambiar de conversación mañana.

Podemos cambiar de gobierno en las siguientes elecciones.

Pero no podemos deslizar hacia arriba para saltarnos los próximos veinte años.