¡Feliz día! saluden a la industria que se NOS va
Investigamos gracias a un informe del CEPA los orígenes de la industria argentina y cómo se encuentra la misma en la actualidad.
Por Donatella Bressan y Geraldine Thacco Gutierrez
Introducción
Cada 2 de septiembre, Argentina conmemora el Día de la Industria, una fecha celebrada desde 1941 que recuerda la primera exportación registrada desde el territorio argentino, realizada el 2 de septiembre de 1587.
Más allá de su dimensión conmemorativa, la fecha constituye una oportunidad para analizar el presente de un sector que ha ocupado históricamente un lugar central en el desarrollo económico argentino. Actualmente, la industria manufacturera representa una parte significativa del empleo privado registrado y concentra más de la mitad de la inversión privada en investigación y desarrollo.
Sin embargo, el Día de la Industria de 2026 llega en un escenario especialmente complicado. La caída de la actividad y de la producción industrial, la reducción de la capacidad instalada, la pérdida de empleo y el cierre de unidades productivas muestran un deterioro significativo del entramado manufacturero. Entre el mes de noviembre de 2023 y el mes de mayo de 2026, el número de trabajadores registrados en unidades productivas industriales se redujo un 8%, lo que supone una pérdida de 97.312 puestos de trabajo (CEPA, 2026).
Pero la situación actual de la industria argentina no puede entenderse únicamente a partir de los últimos años. Su evolución forma parte de un debate histórico más amplio sobre el modelo productivo del país, la apertura económica y el papel del Estado en el desarrollo industrial.
Contexto histórico: de la sustitución de importaciones a la apertura económica
La industrialización argentina comenzó a desarrollarse durante la etapa agroexportadora de finales del siglo XIX, aunque adquirió un papel mucho más relevante a partir de la década de 1930. La crisis internacional y las dificultades para importar favorecieron el avance de un modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), orientado a producir internamente bienes que hasta entonces se adquirían en el exterior (CEPAL, 1993).
Este proceso se profundizó durante las décadas siguientes. Especialmente a partir de finales de los años cincuenta, sectores como la industria automotriz, la química, la petroquímica y la metalmecánica adquirieron una creciente importancia. Durante esta etapa, la industria se convirtió en uno de los motores del crecimiento económico y de la generación de empleo, en un modelo caracterizado por una fuerte orientación hacia el mercado interno y una relevante intervención estatal (Kosacoff, 1993).
A partir de mediados de la década de 1970 comenzó, sin embargo, una transformación significativa del modelo industrial. Las políticas implementadas durante la segunda mitad de los años setenta modificaron las condiciones macroeconómicas y productivas bajo las que se había desarrollado la industria argentina. Posteriormente, durante los años noventa, la estabilización, la apertura comercial y la desregulación profundizaron la transición desde el modelo de sustitución de importaciones hacia una economía más abierta (Yoguel, 2000).
Estas transformaciones permiten situar la coyuntura actual dentro de una discusión que atraviesa buena parte de la historia económica argentina: qué papel debe desempeñar la industria dentro del modelo de desarrollo del país y hasta qué punto el Estado debe intervenir para promover y proteger la producción nacional.
Trabajadores de una fábrica en Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, mediados del siglo XX. Fuente: Archivo Histórico de Vicente López.
La industria argentina desde 2023: una radiografía del deterioro
Caída de la actividad y de la producción industrial
Los principales indicadores de actividad muestran un deterioro de la industria manufacturera argentina durante los últimos años. Según los datos recogidos por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), durante el primer semestre de 2026 la actividad industrial acumuló una caída del 1,9 %. Además, al comparar el promedio registrado entre diciembre de 2023 y junio de 2026 con el período comprendido entre enero de 2022 y noviembre de 2023, el nivel de actividad se sitúa un 8,1 % por debajo (CEPA, 2026).
La evolución de la producción industrial permite observar esta tendencia con mayor claridad. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, la producción manufacturera registró una caída del 10,2 %, pasando de un índice de 101,2 a 90,8. La trayectoria, sin embargo, no fue lineal: tras el fuerte retroceso inicial, durante 2024 y parte de 2025 se produjo una recuperación parcial, aunque insuficiente para regresar a los niveles previos. En 2026, el indicador volvió a mostrar una tendencia descendente.
Los datos reflejan, por tanto, que la industria no solo experimentó una fuerte contracción al inicio del período analizado, sino que la recuperación posterior no logró consolidarse. Esta evolución se complementa con otro indicador fundamental para conocer la situación del sector: el grado en que las empresas están utilizando efectivamente su capacidad productiva.
Menor utilización de la capacidad industrial
La caída de la actividad y de la producción industrial también se refleja en el uso de la capacidad instalada, un indicador que permite conocer qué proporción de la capacidad productiva disponible está siendo efectivamente utilizada. En junio de 2026, la industria argentina operó al 59,1 % de su capacidad instalada, lo que supone que aproximadamente cuatro de cada diez máquinas permanecieron sin utilizar. Este nivel se situó 9,5 puntos porcentuales por debajo del registrado en junio de 2023 (CEPA, 2026).
La reducción de la capacidad utilizada, además, se extendió a prácticamente todo el entramado manufacturero. En comparación con junio de 2023, todos los sectores industriales analizados registraron retrocesos, con la excepción de la refinación de petróleo, que aumentó un 5,2 %, y de productos alimenticios y bebidas, con un crecimiento marginal del 0,3 %. Las mayores caídas correspondieron a la metalmecánica, excluida la industria automotriz (-30,9 %), y a los productos minerales no metálicos (-30,4 %) (CEPA, 2026).
La evolución de este indicador permite observar que la contracción industrial no se concentra únicamente en una actividad específica, sino que afecta de manera transversal a buena parte de los sectores manufactureros. La existencia de una proporción creciente de capacidad productiva sin utilizar constituye, además, una señal relevante para analizar sus efectos sobre las empresas y el mercado laboral. La menor producción termina trasladándose al tejido productivo mediante reducciones de personal, suspensiones o cierres de establecimientos.
Impacto sobre el empleo y el tejido empresarial
La disminución de la producción industrial tuvo su correlato en la evolución de los puestos de trabajo. En base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) procesados por CEPA, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se redujo en 8,0% la cantidad de trabajadores/as registrados/as en unidades productivas industriales, con una pérdida de 97.312 puestos: de 1.215.092 a 1.117.780.
Del mismo modo, la comparación entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 muestra una disminución en la cantidad de industrias manufactureras con trabajadores registrados, que pasaron de 49.622 a 45.602. Esto implica una contracción de 4.020 industrias (-8,1%).
Los indicadores analizados muestran una contracción de la actividad industrial que coincide con importantes transformaciones en el escenario económico y en la política productiva argentina desde finales de 2023. Entre ellas destacan el aumento de las importaciones de bienes de consumo y la modificación o eliminación de distintos instrumentos de promoción y protección industrial. A estos cambios se suma la implementación de nuevos regímenes destinados a atraer grandes inversiones, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Estos elementos han reabierto el debate sobre el modelo productivo argentino y sobre el papel que deben desempeñar el Estado, la apertura comercial y la inversión privada en el desarrollo de la industria nacional.
Apertura comercial y aumento de las importaciones
Uno de los elementos que caracterizan el escenario reciente es el crecimiento de las importaciones de bienes de consumo. Durante el primer semestre de 2026, diez actividades económicas concentraron el 84,7 % del total de estas importaciones. En comparación con el mismo período de 2023, algunos de los mayores incrementos se registraron en sectores que cuentan con producción nacional (CEPA, 2026).
Entre los aumentos más significativos se encuentran los electrodomésticos, baterías y lámparas (+109,2 %), las prendas de vestir (+86,3 %), las motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte (+67,6 %), los productos alimenticios (+51,9 %) y los productos farmacéuticos (+27 %). En conjunto, estos cinco rubros representaron el 45,5 % de las importaciones de bienes finales ingresadas al país durante la primera mitad de 2026 (CEPA, 2026).
El incremento de las importaciones introduce así un nuevo elemento en el escenario en el que opera la industria argentina. No obstante, estos datos, por sí solos, no permiten atribuir la contracción industrial exclusivamente al aumento de las importaciones, sino que deben analizarse conjuntamente con la evolución de la demanda interna y con las modificaciones introducidas en la política económica e industrial.
Un cambio en la política industrial
Desde diciembre de 2023, la política económica argentina ha experimentado una serie de modificaciones que afectan directamente al marco en el que opera el sector productivo. Entre las medidas señaladas por CEPA (2026) se encuentran la derogación de la Ley de Compre Nacional, del Programa Nacional de Desarrollo de Proveedores (PRODEPRO) y de la Ley 21.608 de Promoción Industrial, a través del Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023.
A estas decisiones se sumaron la eliminación o reducción de determinados aranceles de importación, cambios en el régimen antidumping y modificaciones en las políticas de crédito productivo destinadas a la inversión de las pequeñas y medianas empresas.
Los cambios también alcanzaron a organismos e instituciones vinculados con el desarrollo productivo. En 2025, el Poder Ejecutivo impulsó mediante el Decreto 462/2025 una modificación del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que, según CEPA, reducía su autonomía y afectaba recursos destinados a investigación, transferencia tecnológica y asesoramiento al sector productivo. La iniciativa fue posteriormente rechazada por el Congreso. El informe también señala el cierre de la Secretaría PyME y una reducción de recursos destinados a programas relacionados con la política industrial (CEPA, 2026).
En conjunto, estas medidas reflejan una reorientación de la política industrial argentina, caracterizada por una menor utilización de algunos de los instrumentos tradicionales de intervención y promoción estatal. Su impacto sobre el sector constituye uno de los principales puntos de debate a la hora de interpretar la evolución reciente de la industria.
El RIGI y el debate sobre el modelo productivo
Otro de los elementos centrales de esta transformación es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), incorporado a través de la Ley Bases. Su introducción forma parte de la estrategia del Gobierno orientada a modificar las condiciones para el desarrollo de grandes proyectos de inversión.
El informe de CEPA adopta una posición crítica respecto al régimen y sostiene que su diseño favorece principalmente inversiones vinculadas a actividades extractivas y orientadas a la exportación, lo que, desde su perspectiva, podría relegar el desarrollo de la industria nacional y contribuir a una mayor primarización de la estructura productiva (CEPA, 2026).
La discusión en torno al RIGI trasciende, por tanto, el propio instrumento y se inserta en un debate más amplio sobre qué modelo de desarrollo productivo debe seguir Argentina: qué sectores deben impulsar el crecimiento, qué papel debe desempeñar la inversión extranjera y hasta qué punto el Estado debe intervenir mediante políticas específicas de promoción industrial.
Después de analizar la evolución interna de la industria argentina, resulta relevante observar si esta tendencia responde a una dinámica generalizada o si presenta diferencias respecto de otras economías.
Entre 2023 y 2025, la actividad industrial argentina registró una caída del 7,9 %. Según los datos recopilados por CEPA, este resultado sitúa al país con el segundo peor desempeño entre 56 economías analizadas, únicamente por delante de Hungría (CEPA, 2026).
La comparación regional muestra una evolución diferente en varias de las principales economías latinoamericanas. Durante el mismo período, Brasil registró un crecimiento industrial del 3,5 %, Chile del 5,2 %, Perú del 6,5 % y Uruguay del 3,7 %. Colombia (-0,7 %) y México (-0,4 %) también experimentaron retrocesos, aunque considerablemente inferiores al registrado por Argentina (CEPA, 2026).
Esta comparación permite situar la evolución argentina dentro de un contexto más amplio y muestra que la contracción industrial registrada en el país presenta una intensidad superior a la observada en buena parte de sus principales pares regionales.
Hablar de industria en Argentina nunca fue solamente hablar de fábricas. Es hablar de empleo, desarrollo tecnológico, inversión, inserción internacional y, en definitiva, del modelo productivo sobre el que el país pretende construir su futuro.
Los indicadores analizados muestran que la industria manufacturera atraviesa un escenario complejo. La caída de la producción, la menor utilización de la capacidad instalada y la pérdida de puestos de trabajo y unidades productivas evidencian dificultades que exceden el desempeño de sectores aislados. Según CEPA (2026), entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 97.312 puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales y desaparecieron 4.020 industrias manufactureras con trabajadores registrados.
Los datos oficiales también muestran una capacidad productiva todavía ampliamente desaprovechada. En junio de 2026, la utilización de la capacidad instalada de la industria se ubicó en el 59,1 % (INDEC, 2026). Es decir, una parte considerable de la infraestructura industrial disponible permanece sin utilizar. Al mismo tiempo, la comparación internacional presentada por CEPA sitúa la evolución argentina por debajo de buena parte de sus pares regionales durante el período analizado (CEPA, 2026).
Sin embargo, detrás de estas cifras aparece una discusión más profunda. Desde diciembre de 2023, el Gobierno de Javier Milei ha impulsado una transformación del esquema económico basada en una mayor apertura, desregulación y reducción de determinados instrumentos de intervención estatal. Dentro de esta estrategia se inscribe también el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), cuyos objetivos legales incluyen atraer inversiones nacionales y extranjeras, fortalecer la competitividad, incrementar las exportaciones y favorecer la creación de empleo (Ley 27.742, 2024).
El debate, por lo tanto, no debería reducirse a una oposición entre apertura y proteccionismo. La pregunta central es si el nuevo esquema será capaz de traducir la inversión, la apertura y una mayor inserción internacional en más producción, empleo, innovación y desarrollo de capacidades industriales dentro de la Argentina, o si, por el contrario, terminará profundizando las dificultades que atraviesan determinados sectores manufactureros.
La historia económica argentina demuestra que esta discusión no es nueva. El país ha alternado períodos de fuerte intervención estatal y protección de la producción nacional con etapas de apertura y liberalización económica. Lo que cambia hoy es el contexto: Argentina debe definir su estrategia productiva en un mundo en el que la tecnología, las cadenas globales de valor, la transición energética y la competencia por atraer inversiones están modificando las políticas industriales de las principales economías.
Porque detrás de cada porcentaje de capacidad instalada, de cada fábrica que abre o cierra y de cada puesto de trabajo que se crea o se pierde existe una decisión mucho más amplia: qué produce Argentina, cómo lo produce y qué lugar quiere ocupar en el mundo.
Referencias:
Centro de Economía Política Argentina. (2026, 1 de septiembre). Día de la Industria 2026: La industria manufacturera a dos años y medio del gobierno de Milei. https://centrocepa.com.ar/documentos/informes/843-dia-de-la-industria-2026-la-industria-manufacturera-a-dos-anos-y-medio-del-gobierno-de-milei
Kosacoff, B. (1993). El comercio internacional de manufacturas de la Argentina, 1974-1990: Políticas comerciales, cambios estructurales y nuevas formas de inserción internacional. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
https://ideas.repec.org/p/ecr/col048/9495.html
Yoguel, G. (2000). El tránsito de la sustitución de importaciones a la economía abierta: Los principales cambios en la estructura industrial argentina en los años setenta y los años noventa. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). https://ideas.repec.org/p/ecr/col093/31453.html